Hay días en que te sientes vapuleada. Un resfriado ha hecho aparición en tu ajetreada vida, intentando derrotarte como a un jugador de rugby en una melé.
Te duelen los músculos, te moquea la nariz, te lloran los ojos, sientes la cabeza como una pesada calabaza sobre tus hombros y eres incapaz de pensar con claridad.
Y piensas en la semana que te espera en tu trabajo en la administración de lotería a diez días del sorteo de Navidad... Reservas por cerrar, colas interminables, clientes contando sus historias o sus penas, otros quejándose porque has tenido que atender una llamada...
Más me vale que el resfriado se esfume repentinamente si no quiero terminar en el manicomio...

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